El TJUE declara que la cesión de clientela puede suponer la transmisión de una empresa o parte de ella

Sentencia de 8 de mayo de 2019 dictada por la Sala novena, en el asunto C-194/18

En el presente litigio se plantea si existe una transmisión de empresa o de parte de una empresa en una operación en la que una entidad de crédito (en adelante primera empresa) que cesa en su actividad de inversión e intermediación bursátil, cumpliendo con la normativa nacional, transmite a una empresa dedicada a la intermediación bursátil (en adelante segunda empresa), sus activos inmateriales intangibles, es decir, los instrumentos financieros y demás activos de los ordenantes, la gestión de la contabilidad y el resto de servicios de inversión y accesorios, así como la documentación relativa a tales actividades prestadas a los clientes.

La transmisión presenta las siguientes características:

1.- La segunda empresa se hace cargo de los instrumentos financieros y demás activos de los clientes de la primera empresa, a raíz del cese de su actividad, en la que gozan de la libertad de no confiar la gestión de sus títulos en bolsa a la segunda empresa.

2.- Tras cesar la primera empresa en su actividad bursátil el 91% de los clientes aceptaron la cesión de sus contratos.

3.- La primera empresa continúa trabajando como sociedad de valores no independiente y colabora a tal efecto con la sucesora.

4.- Los trabajadores de la unidad de servicios de inversión de la primera empresa fueron resueltos por causas económicas, incluido el contrato de trabajo de duración indeterminada de corredor de bolsa, a los que propuso celebrar contratos de trabajo para otros puestos.

El presente litigio tiene su origen en la demanda interpuesta por uno de los trabajadores afectados que rechazó la oferta propuesta por la primera empresa impugnando así su despido y solicitando su reincorporación en sus funciones en la primera o en la segunda, al considerar que existía una transmisión del negocio bursátil según la normativa eslovena y en el sentido de artículo 1.1.a) de la Directiva 2001/23,/CE, del Consejo, de 12 de marzo de 2001, sobre la aproximación de las legislaciones de los Estado miembros relativas al mantenimiento de los derechos de los trabajadores en caso de transmisión de empresas, de centros de actividad o de partes de empresas o de centros de actividad.

El TJUE, de entrada, nos recuerda su doctrina sobre el concepto de transmisión de empresa recogido en el citado artículo 1.1.a) de la Directiva 2001/23 señalando que deber ser interpretado de forma suficientemente flexible para responder al objetivo de la Directiva, consistente en proteger a los trabajadores por cuenta ajena en caso de transmisión de su empresa y que el criterio decisivo para determinar la existencia de una transmisión a los efectos de esta Directiva es, por consiguiente, si la entidad de que se trata mantiene su identidad, lo que resulta, en particular, de que continúe efectivamente su explotación o de que esta se reanude.

En este sentido procede examinar: el tipo de empresa o de centro de actividad de que se trate, que se hayan cedido o no elementos materiales como los edificios o los bienes muebles, el valor de los elementos inmateriales en el momento de la transmisión, el hecho de que el nuevo empresario se haga cargo o no de la mayoría de los trabajadores, el que se haya cedido o no la clientela, así como el grado de analogía de las actividades ejercidas antes y después de la transmisión y la duración de una eventual suspensión de dichas actividades.

No obstante, la importancia respectiva que debe atribuirse a los distintos criterios varía necesariamente en función de la actividad ejercida, o incluso de los métodos de producción o de explotación utilizados en la empresa, en el centro de actividad o en la parte del centro de actividad de que se trate. Centrando el alcance del litigio señala que es pacífico que la actividad económica perseguida por la entidad de que se trata no requiere elementos materiales significativos para su funcionamiento, porque se basa principalmente en elementos inmateriales, por lo que su cesión reviste una cierta importancia a efectos de la calificación de transmisión de parte de empresa. En efecto, los activos inmateriales descritos anteriormente participan de la identidad de la entidad económica de que se trata y su transmisión está supeditada necesariamente a la aceptación expresa o tácita de los clientes.

Trasladando tales consideraciones al presente litigio advierte que la circunstancia de que la primera empresa colabore como sociedad de valores no independiente con la segunda empresa carece en principio de incidencia sobre la calificación de la operación como la transmisión de empresa y el hecho de que los clientes de la primera empresa gocen de la libertad de no confiar la gestión de sus títulos en bolsa a la segunda empresa no impide tal calificación.

De todo ello se desprende que ha de corroborase la existencia de una cesión de clientela para calificar la operación como transmisión de parte de empresa, cuestión que le corresponde apreciar al órgano jurisdiccional remitente. A tales estos le ofrece unas pautas que podrían sintetizarse de la siguiente manera:

1.- Procede realizar una apreciación global de las circunstancias teniendo en cuenta en particular las medidas que pueden incitar a los clientes de la primera empresa a confiar la gestión de sus títulos a la segunda empresa, entre las que deberá tomarse en consideración la existencia de incentivos financieros como el hecho de hacerse cargo de los gastos de transmisión a la segunda empresa.

2.- La circunstancia de que el 91% de los clientes aceptaran confiar la gestión de sus títulos a la segunda empresa, si bien parece corroborar la eficacia de esas medidas de incentivo, la calificación como transmisión no puede hacerse únicamente sobre la base de esa constatación, que se produce, además, con posterioridad a la celebración del contrato de transmisión entre ambas empresas.

3.-  Debe tomarse en consideración la existencia de una elección expresa o no por parte de los clientes relativa a la transmisión de sus cuentas a la segunda empresa o, al menos, la existencia de una cesión por defecto de los archivos relativos a sus cuentas, determinando si la normativa eslovena obliga a una sociedad de valores que decide poner fin a la actividad de transferir la documentación relativa a las cuentas de sus clientes a una única persona autorizada en Eslovenia a prestar servicios y actividades de inversión o si esa documentación puede transferirse a varias personas.

2019-07-11T11:50:40+00:00 11 julio, 2019|Noticias|